dilluns, 6 de febrer de 2012

verde

La comisión de fiestas del barrio tiene las persianas cerradas delante del balcón donde ahora vivo.

Como, duermo, fumo y trabajo. Y hago más cosas innecesarias.

Ni soy la alegría de la huerta, ni el hortelano me echará de menos cuando los gusanos se relaman.

Estoy por estar. Por no dejar de estar. Bueno, y porque no tengo energía para negarme. 

Sólo doy para una coma, así que debo acabar la frase por imperativo literario.

Soy porque algo hay que hacer, coma, una vaca opinaría igual.

mi primera Navidad contigo



No sé jugar.


Me han roto tantas veces las narices enfrente de mis labios…


No sabría decirte qué es lo que me gusta de ti.


Y tengo tanto miedo a que las mariposas organicen una revolución en mi propia casa, que no sé si esta vez sabré hacerlo.


Empieza con una sola mirada. Todo empieza.
Oigo la voz de tu hijo y veo en tu tristeza la misma que habita en mí.  Luego rodeo el mundo de un vistazo y me pongo a cabalgar como una loca a lomos de lo que podría ser si…


Te busco. No voy a negarlo.
Te busco aunque me asuste reconocer que estoy hecha de carne, también.

Y cuando te encuentro, creo en Alá. Y entiendo que es posible mi resurrección. Y hablo con la chica de la panadería. Y pienso que mis grietas todavía pueden repararse…


Te haría tantas preguntas, te enseñaría tantas colas de caricias en paro que guardo en el armario, te contagiaría tantas ganas de sobrevivir a esta crisis de amor universal…


Pero no sé jugar. Y francamente, estoy muy asustada.


He dado un ramo de puñetazos al dolor…
Y ahora me pasa que, cuando me miras, me pongo a temblar como una estalactita de verano.