dilluns, 6 de febrer de 2012

verde

La comisión de fiestas del barrio tiene las persianas cerradas delante del balcón donde ahora vivo.

Como, duermo, fumo y trabajo. Y hago más cosas innecesarias.

Ni soy la alegría de la huerta, ni el hortelano me echará de menos cuando los gusanos se relaman.

Estoy por estar. Por no dejar de estar. Bueno, y porque no tengo energía para negarme. 

Sólo doy para una coma, así que debo acabar la frase por imperativo literario.

Soy porque algo hay que hacer, coma, una vaca opinaría igual.

mi primera Navidad contigo



No sé jugar.


Me han roto tantas veces las narices enfrente de mis labios…


No sabría decirte qué es lo que me gusta de ti.


Y tengo tanto miedo a que las mariposas organicen una revolución en mi propia casa, que no sé si esta vez sabré hacerlo.


Empieza con una sola mirada. Todo empieza.
Oigo la voz de tu hijo y veo en tu tristeza la misma que habita en mí.  Luego rodeo el mundo de un vistazo y me pongo a cabalgar como una loca a lomos de lo que podría ser si…


Te busco. No voy a negarlo.
Te busco aunque me asuste reconocer que estoy hecha de carne, también.

Y cuando te encuentro, creo en Alá. Y entiendo que es posible mi resurrección. Y hablo con la chica de la panadería. Y pienso que mis grietas todavía pueden repararse…


Te haría tantas preguntas, te enseñaría tantas colas de caricias en paro que guardo en el armario, te contagiaría tantas ganas de sobrevivir a esta crisis de amor universal…


Pero no sé jugar. Y francamente, estoy muy asustada.


He dado un ramo de puñetazos al dolor…
Y ahora me pasa que, cuando me miras, me pongo a temblar como una estalactita de verano.


diumenge, 22 de gener de 2012

la soledad viaja en bus


La soledad es un bus que cruza la ciudad de punta a punta, sin ningún pasajero, que se salta semáforos en rojo para llamar la atención y ser al fin detenido por alguien.

dijous, 19 de gener de 2012

damas de casa


La señora Cinta es de Tortosa y tiene 91 años, aunque todo el mundo piensa que es mucho más joven y a la hora de ponerle un número a sus poquísimas arrugas, la gente que no la conoce suele optar por el setenta y pocos. La vida la ha tratado bien. Ella dice que el secreto es que durante los años de la guerra pudo alimentarse. No ha bebido, no ha fumado y ha estado muchas décadas con el mismo hombre, "el Xavier", al que levantó de la cama, limpió, alimentó y llevó al médico durante los duros y largos años de su tremenda enfermedad. Él ya se rindió, pero ella no. Ahora le está saliendo todo, según dice, porque padece vértigos y se marea de vez en cuando por sus problemas de cervicales, seguramente, por los esfuerzos físicos realizados al cuidar de su marido. Pero no es de las que se queja y eso es algo que tiene un grandísimo mérito en estos tiempos.
Duerme una media de siete horas seguidas. Luego se levanta, hace la cama, la comida y se arregla para salir a la calle, aunque haga frío, aunque sólo sea hasta la esquina y volver al portal. Allí se queda un rato, con su gorrito de lana parisino y sus labios bien pintaditos, discretos pero marcados, saludando a los que entran o salen con una amabilidad repleta de sana satisfacción por sentirse acompañada.
La señora Cinta es increíble. En serio que no aparenta la edad que tiene. Y ¡qué bien se maquilla el rasgado de sus grandes ojos oscuros! ¡Y cómo acierta conjuntando complementos como pendientes, bufandas y pulseras! Y si coquetería no le falta, es porque tampoco carece de pequeñas ilusiones cotidianas, sencillas, normales como ella, sin ser por eso corrientes o vulgares.
Suele sonreír sin dificultad y mantiene la cabeza en su lugar, pues conserva intactas sus facultades, la memoria y el sentido del humor. No ha tenido descendientes y creo que es hija única, así que sólo mantiene relación familiar con una sobrina de su difunto esposo, que la llama de vez en cuando y se la lleva al pueblo a pasar alguna festividad extraordinaria.
Cada quince días le viene a casa una chica de los Servicios Sociales a echarle una mano con la limpieza. ¡Habla mucho! – confiesa entre risas-. Pero rápidamente cambia el semblante por uno más solemne y me mira fijamente a los ojos para asegurarme lo maja que es y lo contenta que está con ella. Su reflexión me hace reflexionar a mí sobre la Ley de Dependencia, el sistema de pensiones y los recortes que afectan a nuestros mayores. Sí, nuestros. Porque aunque estén solos o precisamente porque lo están, son nuestros. Como los bosques, el cielo, la capacidad de amar o el derecho a tener una vida digna y una muerte digna.
La señora Cinta se ha dedicado a arreglar pantalones en un mundo que siempre los ha tenido descosidos, rotos o desajustados. Y es curioso que, pese a tener una profesión tan necesaria por reparadora, en sus papeles oficiales no conste ni un alfiler. Ahora sólo le queda la escasa pensión de viudedad (por cierto, como el resto de pensiones, amenazada de muerte), el cariño de sus vecinos y un enorme coraje para mantener su espalda erguida y su voluntad vital inquebrantable como un pincel.

dilluns, 9 de gener de 2012

pienso, luego me inklino


Estamos de estreno. Un año que empieza y acaba en dos. Un gobierno facha para las Españas. Primaveras árabes que afloran las ganas de vivir sin sangre. El IRPF, nuestro nuevo dios, asciende y asciende hasta dejarnos en el subsuelo de las miserias. Vamos mal, peor, mucho peor. Pero seguimos aguantando como si el 2011 no nos hubiera enseñado nada. Como si no supiéramos que es nuestro culo el que tiene que moverse. Como si Angelines Merkel fuera la madre que nos parió y Sincola Sarkozy el hijo bastardo que todas desearíamos tener con el cuñado del príncipe incorrupto, que al menos es el único vasco que ha conseguido independizarse de la monarquía. Estamos de estreno y la muerte por violencia de género, de rebajas. No hay nada tan deprimente como ser periodista en los tiempos que corren. Tienes que drogarte por cojones (por ovarios sale más caro). Porque si no lo haces, acabas por alegrarte de las desgracias ajenas que te permiten seguir pagando la hipoteca. Sin duda, corren malos tiempos. Por eso me inklino y cierro los ojos tan sólo un momento. Respiro profundamente. Espiro. Vuelvo a decirme que no debo tomarme la vida tan en serio. Quiero que los presos vuelvan a sus casas después de haber pagado con creces las condenas que debieran estar pagando otros. Y otras, claro que sí, que para eso vivimos en igualdad de condiciones. Quiero tantas cosas... (maldito consumismo), que sólo puedo encender una vela y prenderle fuego a la desesperación para inklinarme una y mil veces más, en verde y con humilde reverencia, al poder de una mirada hermosa que salga de un Kinder Sorpresa y me salve definitivamente. Pero francamente, lo veo chungo. Estamos de estreno. ¡Feliz 2012 a tod@s!