divendres, 14 de gener de 2011

inklinada a pensar en lo asquerosa que es la letra pequeña de los bancos

La frase no es mía. Pero qué importa la propiedad...

Hoy estoy triste. Y lo siento por vosotros, porque me vais a sufrir un ratito. Pero sólo un ratito. La vida tiene de bueno y de malo eso, que es como un constipado, y que como todo proceso vírico, se acaba pasando.

Tengo el corazón como mi vientre. Despedazado. Quiero decir, hecho de pedazos arrancados. Trozos que cada vez son más y más pequeños, casi atómicos, imperceptibles, huecos... Y no se han inventado las gafas para recomponer el puzle multimillonario de partículas, partículas y partículas. Diminutas. Partidas...

Por eso dibujo.
Por eso escribo.
Por eso me parto de risa.
Por eso bailo.
Por eso como, bebo y fumo.
Por eso me enfado.
Por eso disimulo.
Por eso me levanto cada día con una canción nueva en la cabeza.
Por eso sigo sonriendo.
Y agradeciendo.

Para no morirme de dolor.

Pero nada es importante...

Bueno, sí. Sí hay una cosa importante: Hay que parar a esos cabrones que me han hecho inklinarme a pensar en lo asquerosa que es la letra pequeña. La que normalmente ni se lee, ni se habla. Y sin embargo ahí está, firmada por nosotros y por todos los santos.


Así que el bandolero este del antifaz (que va "de estrangis") y una servidora, (que viene a ser lo mismo), hemos decidido atracar el Banco Mundial.

Si alguien más se apunta, no tiene más que inklinarse a hacerlo. Intentaremos que sea a la misma hora.

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