dimarts, 11 de gener de 2011

tacón inklinado a no tocar el suelo

A veces no tenemos la piedra dentro del zapato sino fuera. A veces, es tan grande, que ni la vemos... Pero hay algún motivo para que tropecemos con ella una y otra vez, un motivo escondido.

Nos pensamos que la piedra es una amenaza, cuando en realidad, la amenaza somos nosotros mismos. En alguna que otra ocasión, está muy bien que un pedrusco en medio del camino nos pare los pies y nos obligue a mirar muy por debajo de nuestros tacones, pues la vida también habita en lo que no vemos y hasta en lo que nos encalla.

Hay seres increibles y silenciosos que no salen por la televisión y que viven constantemente amenazados por la superioridad artificial de unos tacones made in China. Son nuestra otra parte. Una parte que depende de una ligera inclinación, algo así como el aleteo de una mariposa, para que su vida sea aplastada definitivamente por nuestra torpeza espiritual.

Por suerte, a mi gusanito lo he salvado, pintándolo de verde esperanza. Además, aunque está "cagado" tiene cara de listo.

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