dimarts, 14 de desembre de 2010

tigre inklinado a ser fuerte


Ojo con él. Parece que quiere ser un dibujo, pero en realidad es un tigre. Tiene mirada de peluche y parece que acaba de salir del barbero, pero sus manchas desiguales y negras no engañan a nadie. Un tigre es un tigre y aunque no enseñe los colmillos, no significa que no los tenga.

Sufre un montón cuando se da cuenta de que su naturaleza es felina. Por eso mete el hocico en un jarrón y lo convierte en un cáliz sagrado. No quiere oler la sangre sino el vino. No quiere ser tan fuerte ni tan animal.

Menos mal que primero vino la oveja, porque si no, éste, con lo feliciana que es la otra, ¡ya se la hubiera merendado!

A veces la fuerza me asusta tanto como a él. Otras, cuando la necesito y no la tengo, me siento como sus bigotes, una extensió artificial de una bestia que se esconde y se olvida de cuidarme.

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